• Reflexiones Cristianas

    La oración es un encuentro, un coloquio con el Padre. Esta realidad adquiere todo su valor cuando meditamos este pensamiento de San Pablo: "Y de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espírítu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables" (Rm 8,26)...

  • Los milagros de Jesús

    Cuando descendió del monte, le siguió mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él diciendo: —¡Señor, si quieres, puedes limpiarme! Jesús extendió la mano y le tocó diciendo: —Quiero. ¡Sé limpio! Y al instante quedó limpio de la lepra. Entonces Jesús le dijo: —Mira, no lo digas a nadie; pero vé, muéstrate al sacerdote y ofrece la ofrenda que mandó Moisés, para testimonio a ellos

  • Parábolas de la Biblia

    Entonces se pronunció y dijo: y cuando llega a casa reúne a sus amigos y vecinos, y les dice: “Gozaos conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido.” Os digo que del mismo modo habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento....

¿Quién es tu prójimo?

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¿Quién es tu prójimo?
La parábola del Buen Samaritano es muy conocida. Sin embargo, hay más en el mensaje de lo que solemos pensar.

La historia del Buen Samaritano en Lucas 10 es tan representativa, que su personaje principal se encuentra registrado en los diccionarios. Sin embargo, en la parábola hay más de lo que nuestra interpretación común sugiere. Debemos recordar que la historia en sí era una respuesta a la pregunta: “¿Quién es mi prójimo?” Si bien la parábola tiene que ver con la ayuda a los maltratados, los indefensos y los olvidados, Jesús quiso enseñarnos más: cómo reconocer los múltiples rostros de nuestro “prójimo”. Él estaba ilustrando lo que era su amor, y diciendo que todos debían amar de la misma forma a los demás —no solo a aquellos que amamos por naturaleza, o que pensamos que merecen nuestra ayuda. He aquí algunos ejemplos de quien puede ser su prójimo:

Alguien que no me respete o no me entienda. Ya se trate de una persona o de un grupo al que podemos etiquetar como “enemigo”, la parábola de Jesús enseña que usted está llamado a amar a quienes le aborrecen. Por otro lado, el resentimiento de los samaritanos contra los judíos era profundo: se sentían completamente malinterpretados y perseguidos. Pero el héroe de esta historia eligió el amor. Entre las personas a las que Dios nos llama a extender la mano están las que nos han juzgado mal, y también a las que nosotros pudimos haber juzgado antes. Nos guste o no, esas personas son nuestros “prójimos”.

Alguien a quien no conozca, y de quien no sea responsable. En teoría, la mayoría de los cristianos sabemos que Dios “amó de tal manera al mundo” (Jn 3.16), y que no tiene ningún favoritismo (Ro 2.11), pero en la práctica tenemos la opinión de que debemos ocuparnos solo de nosotros mismos.

Alguien a quien no resulte oportuno amar. De cierta manera la compasión del samaritano arruinó sus planes personales. No solo se detuvo a ayudar, sino que también dio lo que necesitaba, a alguien que probablemente no sobreviviría. El viaje desde el camino de Jericó hasta la posada más cercana era largo y agotador a pie, por no decir peligroso. Luego, una vez en la posada, no echó sobre alguien más a la persona del “problema” para volver a ocuparse de sus asuntos.

¿Ayuda usted a los necesitados solamente cuando eso no le causa ninguna molestia? ¿Tiene usted algunas condiciones en cuanto a quien ayudará o no? Aunque es cierto lo que dice el refrán popular: “No se puede salvar a todo el mundo”, nunca debemos permitir que eso enmudezca la voz del Espíritu Santo. Si Él nos está diciendo que respondamos a una necesidad que pudiera no ser oportuna, lo más sabio es seguir su dirección y dejarle las consecuencias a Él.

Alguien que no pueda darme las gracias ni pagarme. Es propio de la naturaleza humana querer recibir crédito por el bien que hacemos, sobre todo si hemos hecho algún tipo de sacrificio. Aun como creyentes, podemos sentirnos tentados a afirmar que estamos “dando gloria a Dios”, cuando lo que realmente queremos es la gratificación del reconocimiento por nuestros esfuerzos.

El samaritano sabía que el hombre que estaba medio muerto no era capaz de expresar agradecimiento ni de devolver la ayuda que había recibido. Cuando llegara el momento de su recuperación, el desconocido que lo ayudó se habría marchado hace tiempo. En Mateo 6.1-4, Jesús explica cómo debemos tratar a los necesitados. Nos enseña que debemos dar a los demás en secreto, intencionalmente, y sin pregonar lo que hemos hecho para recibir elogios.

Alguien por quien valga la pena arriesgarme, aunque tenga mis temores. En el último discurso que pronunció Martin Luther King, relató su propia experiencia por el antiguo camino de Jericó. Cuando vio el traicionero y sinuoso camino, se dio cuenta de cuán preocupados debieron haber estado el sacerdote y el levita de Lucas 10 en cuanto a su propia seguridad, al ver al hombre moribundo.

Alguien que es amado y valorado por Dios, a pesar de mis prejuicios. Los líderes religiosos solo vieron a un hombre indigno, que podía trastocar sus vidas o causarles daño. Mientras que el samaritano vio a otro ser humano que merecía ser tratado con dignidad.

Alguien a quien tengo los medios para demostrarle amor. No siempre es fácil amar a alguien en la misma medida que nos amamos a nosotros mismos. Por el contrario, eso exige la decisión de reconocer la verdad acerca de cómo Dios ve a esa persona, y nuestra voluntad de actuar.

En primer lugar, aunque usted tenga reservas, Él le ha preparado para que sea sus manos y sus pies, y por tanto, le dará lo que quiere que usted dé. En segundo lugar, la persona que Él ha puesto en su camino tiene algo que darle a usted: la oportunidad de crecer espiritualmente. Si el Señor le dirige a alguien que tiene una necesidad, lo más probable es que Él también tenga la intención de utilizar a esa persona en su vida. Solo tiene que mantener sus ojos y sus oídos abiertos para recibir de esa persona cualquier cosa con la que el Señor quiera bendecirle. Porque, al fin y al cabo, usted también es el prójimo de alguien.

Dios Padre de ternura y misericordia

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Es bien sabido que lo más característico de la palabra y de la vida de San Vicente gira alrededor de la caridad o amor de obra, que es la respuesta al Dios Padre que nos ama con infinitas entrañas de misericordia, y quiere expresamente que cumplamos, sin rupturas, los dos mandamientos que encierran toda la Ley y los Profetas (Mt 22, 37-40).

San Vicente navega airoso por las páginas de la Sagrada Escritura donde descubre al “Dios de ternura y de gracia, lento a la ira y rico en misericordia y fidelidad” (Ex 34, 6) con un pueblo terco que se resiste a cumplir la Ley, a seguir la voz de los Profetas y a cumplir la Alianza de amor.

San Vicente se llena de emoción ante un Padre cuyo amor entrañable supera al de una madre de la tierra, pues si ésta puede olvidarse de sus hijos, Dios no se olvidará jamás (cf. Is 49, 15); le impresiona “la manifestación de Dios nuestro Salvador y su amor –filantropíaa los hombres” (Tit 3, 4); se enternece ante el “Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para poder nosotros consolar a los que están en tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Cor 1, 3-4); queda rendido ante el “Dios, rico en misericordia” (Ef 2, 4) que ofrece su perdón y su amor inviolables. Pero lo que más le fascina es que Dios se haya adelantado a amarnos, enviándonos a su Hijo al mundo, “para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16).

San Vicente de Paúl concluye que a los que Dios ha llamado, “mira siempre con ojos de misericordia”.

Fuente: famvin.org

Propósitos de Año Nuevo del Papa Francisco

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Estas son las diez cosas que él pidió realizar a los empleados del Vaticano:

1. “Cuidad vuestra vida espiritual, vuestra relación con Dios, porque es la columna vertebral de todo lo que hacemos y todo lo que somos.”

2. “Cuidad vuestra vida familiar, dando a vuestros hijos y seres queridos no sólo dinero, sino sobre todo tu tiempo, atención y amor.”

3. “Cuidad vuestras relaciones con los demás, transformando vuestra fe en vida y vuestras palabras en buenas obras, sobre todo a favor de los más necesitados.”

4. “Tened cuidado de lo que habláis, purificad la lengua de palabras ofensivas, vulgaridad y decadencia mundana.”

5. “Sanad las heridas del corazón con el aceite del perdón, perdonad a quienes os han herido y medicad a las heridas que hubiésemos causado a otros.”

6. “Cuidad vuestro trabajo, haciéndolo con entusiasmo, humildad, competencia, pasión y con un espíritu que sabe cómo dar gracias al Señor.”

7. “Tened cuidado con la envidia, la lujuria, el odio y los sentimientos negativos, que devoran nuestra paz interior y nos transforman en personas destruidas y destructivas”.

8. “Cuidado con la ira, que puede conducir a la venganza; con la pereza, que conduce a la eutanasia existencial; con señalar con el dedo a los demás, lo que conduce a la soberbia; y con quejarse continuamente, lo que conduce a la desesperación “.

9. “Cuidad a los hermanos y hermanas que son más débiles… los ancianos, los enfermos, los hambrientos, los sin techo y los extranjeros, porque seremos juzgados en esto.”

10. “Aseguraos de que vuestra Navidad se trate de Jesús, y no de ir de compras.”

Habla, Señor, que tu hijo escucha

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Lectura del santo evangelio según san Lucas (1, 39-45)

En aquellos días María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá!

Palabra del Señor

Liturgía de la palabra

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Lectura del libro de Samuel (3, 15-18)

Samuel se acostó hasta la mañana y abrió, luego, las puertas del templo del Señor. Samuel temía dar a conocer la visión a Elí.

Entonces, Elí le llamó: “Samuel, hijo mío”.

Respondió: “Aquí estoy”.

Elí preguntó: “¿Qué es lo que te ha dicho? Por favor no me lo ocultes. Que Dios te castigue si me ocultas algo de cuanto te ha dicho”.

Samuel le dio a conocer entonces todas las palabras sin ocultarle nada. Elí dijo: “Es el Señor, haga lo que le parezca bien”.

Palabra de Dios

Cómo elaborar un altar angelical

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El altar angelical es ese lugar especial dedicado al ser que más te ha acompañado desde siempre y que te ama tanto que gustaría tener un lugar en tu hogar para que lo tengas presente cada día de tu vida así como lo llevas en tu corazón. Tu altar puede ser situado en:

Un rincón de tu jardín, en tu recamara, en un espacio privado y tranquilo de tu casa. Una vez que has elegido el lugar límpialo con un incienso de limpieza (Romero, lavanda, jazmín) y una vela blanca.

Si no tienes un espacio permanente para tu altar, puedes juntar tus objetos especiales y ponerlos en una caja de madera, de preferencia.

Un Altar Angelical puede incluir objetos tales como:
  • Objetos que representen lo que para ti es un Ángel.... Esto puede ser la figura de un ángel, una postal con un ángel, utiliza la que te guste más.
  • Un cristal o piedra con la cual te identifiques y corresponda a tu ángel.
  • Incienso
  • Una vela utilizada para atraer la Luz.
  • Flores frescas o si lo prefieres una planta
  • Un recipiente de cristal transparente con agua
  • Tu diario angelical o donde escribes lo que les pides a tus ángeles, tus afirmaciones o experiencias angelicales...
  • Fotografías de tus seres queridos o de alguien a quien tú deseas ayuda angelical
Puedes usar las velas y esencias asociados con la energía de un Arcángel específico. Si no una vela blanca podrá ser usada en su lugar. Recuerda prenderlas con cerillos de madera y no apagarlas soplando.

Dios los Bendiga

Poema a la virgen María

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¿Por qué llevas, madre mía, flores frescas y olorosas, tan lozanas, tan hermosas, a la mesa del altar? ¿Es acaso que a María con cestas de flores llenas, con lirios, con azucenas, la podemos agradar?.

-Hija del alma, las flores simbolizan la belleza, la inocencia, la pureza, de un corazón infantil; la virtud esparce olores, la virtud es dulce y pura, la virtud tiene hermosura, cual las flores en abril.

Y aquella Virgen gloriosa sin borrón, sin mancha alguna, más radiante que la luna en toda su plenitud, quiere en cada alma una rosa que conserve la fragancia, la pureza de la infancia, y el brillo de la virtud.

¡Oh!, si quieres agradarle sé para ella una violeta, modesta, dulce, discreta, llena de santa humildad; y si quieres encontrarla a tus clamores propicia, aborrece la codicia, practica la caridad. 

Ama a tu Madre Divina, conságrale toda el alma; y si quieres hallar calma en el valle del dolor, huella la tierra mezquina, y alza los ojos al cielo, que allá tienes tu modelo en la Madre del Señor.

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